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Archive for the ‘Cosas de Trilicienta!!’ Category

El secreto está en las ganas... (1)El diccionario Webster (Merrill E. Douglas, Donna N. Douglas, 1997) define un equipo como “un grupo que trabaja en común”, más profundamente es “un conjunto de personas que deben confiar en la colaboración colectiva para que cada miembro experimente el mayor éxito y logre más ampliamente sus objetivos”.

No descubro nada nuevo si digo que el trabajo en equipo favorece la organización, la innovación, la satisfacción, la calidad y la excelencia en el desarrollo de nuestra profesión. En mi opinión, el trabajo en equipo no es simplemente la suma de las diferentes aportaciones individuales y va mucho más allá de esto.

La “comunicación” es la base del trabajo en equipo y es imposible obtener unos resultados satisfactorios si esta falla. Una comunicación abierta entre todos los miembros del equipo es esencial a la hora de coordinar las diferentes actuaciones individuales. Cuántos problemas y situaciones desagradables se resolverían con un diálogo abierto y directo entre todas las partes implicadas. Esto que debería ser una realidad en nuestro entorno de trabajo cotidiano, en la práctica diaria parece que es muy difícil de conseguir.

Otro pilar para mi muy importante es la “confianza”. Todos y cada uno de los miembros del equipo han de poder confiar en el buen hacer de sus compañeros y han de anteponer el éxito del equipo por encima del lucimiento personal e individual de cada uno. Esto es, como se dice en mi pueblo, lo que viene siendo “remar a favor de obra”.

Nada de todo esto tiene sentido ni sirve de nada cuando falla algo tan fundamental como el “respeto”. Como profesionales, todos y cada uno de nosotros, meremos TODO el respeto tanto por parte de nuestros superiores como por el de los propios compañeros, independientemente del lugar que ocupemos en el equipo de trabajo.

Mi experiencia personal me ha demostrado que cuando te sientes a gusto con tu trabajo y en un equipo  en el que te sientes plenamente integrada, acogida y respetada; tu propia satisfacción laboral hace que el paciente se sienta a su vez mucho más satisfecho con el cuidado y con el trato recibido.

Si a pesar de todo no tienes la suerte de sentir que formas parte de un gran equipo y piensas que nunca es suficiente lo que haces para integrarte, mi consejo es: “Sonríe siempre”, lo sé, a veces no es fácil ni tenemos motivos y ganas de sonreírle a nadie, pero hay una maravillosa razón para seguir haciéndolo y es que “las sonrisas no se gastan”.

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CapturaLos profesionales sanitarios cada día estamos más presentes en el mundo de las redes sociales y las aplicaciones móviles con el objetivo de conectar más y mejor con pacientes y expertos. Yo me decidí a estar presente en Twitter como profesional del la enfermería porque es una red social con millones de usuarios, completamente abierta y que me permite relacionarme con quien quiera. Así mismo, cualquier persona que lo desee puede relacionarse conmigo. A mi personalmente Twitter me permite, me ayuda y en ocasiones, me atrevería a decir, que hasta me obliga a estar al día sobre todo lo que ocurre en  mi entorno profesional.

Cuando yo me decidí a estar presente en Twitter como enfermera, una de mis principales inquietudes era como iba a afectar esto a mi vida profesional. ¿Dónde empieza y dónde acaba mi jornada laboral? ¿Puedo twitear lo que me dé la gana? ¿Vale todo? ¿Qué responsabilidades estoy adquiriendo y dónde pongo los límites?

Desde mis inicios en Twitter he tenido siempre muy presente que, el mismo código ético y moral que me acompaña día a día a lo largo de mi jornada laboral, para mi es de obligado cumplimiento en todo lo que yo haga a través de esta red social. La línea que marca los límites entre lo que se puede o se debe hacer y lo que no se puede o no se debe hacer, es muy difícil de trazar y, precisamente por ese motivo también es muy fácil, a veces, traspasar esa línea. Un tweet desafortunado en el momento más inoportuno puede resultar perjudicial no solo personalmente sino para el resto de la profesión en general.

Yo soy enfermera, no soy experta en redes sociales, ni en marketing digital, ni soy community manager, ni me dedico a gestionar TICs. Soy enfermera, es lo que siempre quise ser y lo que con mucho trabajo y esfuerzo he conseguido llegar a ser. Adoro mi profesión y mi meta es hacerlo mejor cada día y  si Twitter me ayuda en este sentido, bienvenido sea. Pero siempre sin olvidar las bases y fundamentos de mi profesión, que es CUIDAR y que están mucho más allá de los 140 caracteres.

Vivimos tiempos de cambio. Estamos inmersos en plena era 2.0 y, sin duda, para afrontar estos cambios nos va a hacer falta implicación de todos (profesionales, usuarios, gestores sanitarios…). Nos va a hacer falta formación, filtrar para quedarnos con lo bueno y tratar de mejorar aquello que no lo sea tanto. Todo esto no se trata sólo de tener el mejor blog con millones de visitas o de ser una estrella de las redes sociales con “tropecientos” seguidores. Se trata de aprovecharnos de la comunicación multidireccional que nos facilitan las nuevas tecnologías para, entre todos, conseguir ofrecer una asistencia sanitaria de calidad utilizando todos los medios de los que disponemos.

Sin lugar a dudas, las redes sociales contribuyen y ayudan a dar visibilidad a nuestra profesión, a lo qué somos, a lo qué hacemos y cómo lo hacemos; en definitiva, a lo que significa ser ENFERMERA. Pero no nos olvidemos de que esa visibilidad va a depender de nosotros mismos, de lo qué hagamos y de cómo lo hagamos. En este sentido, en mi opinión, no debemos olvidarnos de conceptos que quizá para algunos, resulten un tanto arcaicos o pasados de moda pero que siguen siendo de obligado cumplimiento en nuestro día a día. Conceptos como ejemplaridad, honestidad, rigor, ética, sentido común… En definitiva valores que identifican y acompañan a nuestra profesión desde sus inicios, que han sido su esencia y que son los que la sitúan donde está hoy en día y, que por supuesto es mucho más allá de los 140 caracteres.

Si hay algo que yo puedo asegurar es que “en mi día a día en una jornada laboral cualquiera, los 140 caracteres se quedan en algo anecdótico comparados con la grandeza de nuestra profesión”.

 

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images12 De Mayo… Chic@s hoy es nuestro día y vaya por delante mi felicitación porque tenemos el mejor trabajo del “mundo mundial”. En Julio cumpliré mi primer año como enfermera y aún me parece mentira que hacer cada día algo que me gusta tanto, sea ir a trabajar.

Personalmente viví mis años de carrera con una gran ilusión, deseaba terminar cuanto antes para poder empezar a ejercer y poner en práctica todo lo aprendido y para lo que me había preparado. Cuando empecé a trabajar fui consciente de que las cosas no son siempre como en los libros y, sobre todo, me di cuenta de la gran responsabilidad que conlleva esta profesión. A día de hoy, la mayoría de los días salgo de mi turno con la sensación de que podría haber hecho algo más y de que aún tengo taaaaanto por aprender.

Soy consciente que no corren los mejores tiempos: recortes en sanidad, polémicas con la prescripción enfermera, compañeros que tienen que irse fuera a trabajar, un 60% de los españoles que no sabe lo que hacemos en nuestra profesión, etc, etc, etc… A pesar de todo, hemos de seguir sintiéndonos orgullosos de nuestra profesión, de ser enfermeras y enfermeros. Y así tiene que ser, porque motivos nos sobran. Esta profesión proporciona muchas satisfacciones, y nos plantea nuevos retos a diario, es por eso que no podemos rendirnos ni perder la pasión por el trabajo bien hecho.

“Los enfermeros alientan, cuidan y protegen; son personas con preparación para atender a los enfermos, los lesionados y los ancianos.” (Nursing in Today’s World—Challenges, Issues, and Trends) Si tuviera que volver a elegir una profesión elegiría ser enfermera.

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CapturaLa sociedad actual está en constante evolución y, sin duda alguna, nosotros evolucionamos con ella. Las nuevas tecnologías son más accesibles que nunca y abren un amplio abanico de posibilidades. La Redes Sociales forman parte de nuestro día a día y la línea entre lo personal y lo profesional se vuelve cada día más tenue. Cuando hace unos días aparecí en el Top Ten de enfermer@s más influyentes en Twitter recibí felicitaciones por parte de amigos y compañeros que me hicieron sentir orgullosa de mi profesión. Esto también me hizo reflexionar sobre hasta que punto nuestra imagen personal en las Redes Sociales puede llegar a influir en la imagen de nuestra profesión en general. Siempre he dicho que Internet y sobre todo las Redes Sociales son un “arma de doble filo” que hay que manejar con el debido conocimiento y respeto.

Cuando elegimos libremente presentarnos en las Redes Sociales utilizando nuestro título de enfermera y un avatar con su correspondiente uniforme, deberíamos ser conscientes que en cierta manera estamos dando una imagen general de nuestra profesión. La redes sociales no son el salón de nuestra casa, son una enorme ventana abierta al mundo y la imagen que proyectamos llega a otros profesionales como nosotros pero también al público en general. Si lo que queremos es dar una imagen de respeto y confianza en nuestra profesión, deberíamos asegurarnos de reflejar lo que la sociedad espera verdaderamente de nosotros.

Desde mi punto de vista, nuestra imagen profesional es la opinión que tienen de nosotros los pacientes, sus familias, los compañeros, jefes… a la hora de evaluar nuestra labor y con ello las competencias, habilidades, el talento y los resultados obtenidos. Sin duda alguna “somos lo que hacemos” pero también, en gran medida, somos lo que proyectamos y todo aquello que se supone y se atribuye a nuestra profesión.

Las enfermeras, como cualquier otra persona, somos muy libres de utilizar las redes sociales como estimemos oportuno pero si decidimos presentarnos como tal, sería importante que reflexionáramos sobre la imagen que queremos proyectar de nuestra profesión. No podemos pedir respeto y reconocimiento si no empezamos por respetarnos y valorarnos nosotras mismas.

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muerteElegir las palabras adecuadas para ayudar a aquellas personas que están en contacto con niños y adolescentes, y necesitan abordar la muerte de un ser querido, no resulta nada fácil y menos aún cuando se trata de comunicárselo a los más pequeños.

La muerte es un hecho ineludible e inherente a la vida. Todos tendremos que enfrentarnos a ella y por este motivo resulta muy importante poder disponer de recursos que nos ayuden a afrontar esta realidad de la mejor forma posible. Hoy en día, en la sociedad occidental, hablar de la muerte es casi “de mal gusto”. Tratamos por todos los medios evitar mirar de frente a este hecho natural de la vida. Nuestra sociedad actual tiende a ocultar, temer, callar o dar respuestas y explicaciones erróneas relativas a la muerte y en ocasiones esto sólo contribuye a que la experiencia de la muerte, además de resultar sumamente dolorosa, pueda convertirse en algo complicado o patológico.

Los niños y los adolescentes que se enfrentan a la muerte de sus seres queridos, sienten y se cuestionan muchas cosas. Hablar y atender a los niños y adolescentes que han sufrido la pérdida de un ser querido nos plantea numerosas dudas sobre como abordar la situación:

  • ¿Cómo le explicamos lo que ha sucedido?
  • ¿Puede llegar a entender qué es la muerte?
  • ¿Es mejor contar o no contar?
  • ¿Cómo responder a sus preguntas?
  • ¿Es diferente la vivencia de la muerte si el niño tiene 5 años o si tiene 10?
  • ¿Puede un niño estar en duelo?
  • ¿Cómo le puedo ayudar? ¿Necesita una ayuda especial?
  • ¿Es bueno que nos vea tristes?
  • ¿Tenemos que evitarle lo sucedido?
  • ¿Qué pueden hacer los profesores cuando un niño se encuentra en duelo?»

Queremos que nuestros hijos vivan una vida lo más cómoda y fácil posible, que no sufran, que no lo pasen mal, que las cosas no les cuesten demasiado, que lo tengan todo, etc. Ante esta situación es importante que nos hagamos algunas preguntas:

  • ¿De verdad apartando a los niños, intentando que no sepan o no vean, dejan de sufrir?
  • ¿Estamos seguros de que protegemos a nuestros hijos apartándolos de esta realidad?
  • ¿Saben los niños más de lo que nosotros desearíamos?

Sin lugar a dudas, sus preguntas, sus temores, sus inquietudes y su dolor han de ser escuchados y atendidos. Para ello es de suma importancia contar con los conocimientos, recursos y herramientas más adecuados que nos permitan afrontar la situación con confianza y decisión. Podría resultar de gran ayuda, incorporar en el proyecto educativo de las escuelas recursos preventivos para desarrollar en los niños su capacidad de enfrentarse a situaciones difíciles o dolorosas.

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paliaEn 1980, La Organización Mundial de la Salud (OMS) incorpora oficialmente el concepto de cuidados paliativos dentro del programa de control del cáncer. La última definición que la OMS hace de cuidados paliativos es de 2002 y dice así: “el enfoque que mejora la calidad de la vida de los pacientes y sus familias que se enfrentan a los problemas asociados con enfermedades terminales a través de la prevención y alivio del sufrimiento por medio de la pronta identificación y correcta valoración, tratamiento del dolor y otros problemas, físicos, psicológicos y espirituales”.
Los cuidados paliativos ni aceleran ni detienen el proceso de morir, tratan de proporcionar confort y calidad de vida a los pacientes a través de los conocimientos especializados de cuidados sanitarios y psicológicos, así como del soporte emocional y espiritual apropiados. Con ellos se procura conseguir que los pacientes dispongan de los días que les resten conscientes y libres de dolor, con los síntomas bajo control, de tal modo que los últimos días puedan discurrir con dignidad, en su casa o en un lugar lo más parecido posible, rodeados de sus seres queridos.

Sin duda alguna, los cuidados paliativos pretenden mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedades graves (degenerativas o terminales) que no responden al tratamiento curativo, con el objetivo de ofrecer el mayor confort posible al paciente y a su familia. Es evidente que todo lo señalado anteriormente debería formar parte del sistema sanitario de cualquier país que persiga la cobertura universal de salud de sus ciudadanos. Desgraciadamente, la situación mundial deja mucho que desear en este sentido.
Recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Alianza Mundial de los Cuidados Paliativos (WPCA) han publicado un documento conjunto que pone de manifiesto la realidad de los cuidados paliativos en el mundo y en qué aspectos es preciso mejorar para progresar.

Atlas Mundial de Cuidados Paliativos al Final de la Vida

La principal conclusión a la que podemos llegar después de consultar los datos de este informe, es cuando menos decepcionante: solo una de cada diez personas que necesitan atención sanitaria para aliviar el dolor, los síntomas y el estrés causados por enfermedades graves la reciben.
Se calcula que, cada año, más de 20 millones de personas precisan atención paliativa al final de la vida, de los que un 6% son niños. Si se contara con todos los pacientes que podrían ser atendidos en una etapa anterior a su enfermedad terminal, es decir, antes de la fase de agonía o preagonía, la cifra alcanzaría los 40 millones de personas, como mínimo. Y si se tiene en cuenta que esta atención debe incluir alguna forma de apoyo para los familiares del paciente, este dato se duplicaría.
Según este documento, un tercio de todas las personas que necesitan estos cuidados padece cáncer, el resto corresponde a dolencias degenerativas que afectan al corazón (insuficiencia cardíaca avanzada), pulmones (fibrosis pulmonar y otros problemas crónicos), riñones, cerebro (demencias), hígado (cirrosis) o enfermedades crónicas potencialmente mortales, como el SIDA en su etapa más avanzada y la tuberculosis farmacorresistente.
Para el año 2020 se prevé, debido al envejecimiento de la población, que las tres principales causas de muerte sean: la enfermedad isquémica cardíaca, la enfermedad cerebrovascular y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. El cáncer de pulmón/tráquea/bronquios ocupará el quinto puesto.
Teniendo en cuenta los cambios producidos en los últimos tiempos en relación con la esperanza de vida, la morbilidad en diferentes grupos de edad y según patología de base, no sólo está previsto que aumente el número de pacientes oncológicos y geriátricos, sino también la cifra de pacientes convalecientes con enfermedades crónicas. Todos ellos serán susceptibles de ser tratados como pacientes en fase terminal en algún momento y todos ellos requerirán cuidados específicos, además de un adecuado control sintomático.

Según datos del documento, en 2011 solo tres millones de personas, la mayoría pacientes en estado terminal, recibieron cuidados paliativos. Y a pesar de que gran parte de esta asistencia se suministra en los países de ingresos altos, casi el 80% de las necesidades mundiales corresponde a países de ingresos medios y bajos. Según denuncia el citado Atlas, solo 20 países del mundo han integrado de manera apropiada los cuidados paliativos en su sistema de atención sanitaria: Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, EE.UU., Francia, Irlanda, Islandia, Italia, Japón, Noruega, Polonia, Región Administrativa Especial de Hong Kong, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Rumanía, Singapur, Suecia, Suiza y Uganda.

La OMS y la WPCA recomiendan:

  • Que se incluyan los cuidados paliativos como elemento básico de los sistemas de salud.
  • Que se solucione la falta de políticas que reconozcan la necesidad de estos cuidados para los pacientes con enfermedades degenerativas y terminales.
  • Que se garantice el acceso a los medicamentos esenciales.
  • Que se fomente la formación y el conocimiento entre los profesionales sanitarios y la sociedad en general sobre los beneficios de esta asistencia.

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paliaDesde el inicio de mis estudios de enfermería siempre he sentido que mi mayor carencia a la hora de enfrentarme al paciente en fase terminal estaba relacionada con las dificultades que surgían a la hora de comunicarme y relacionarme con ellos y con sus familias. Mi sensación era que me faltaba formación teórico-práctica en este sentido.

Posteriormente me di cuenta que esto no era un problema sólo mío sino que era extrapolable al resto de los profesionales sanitarios. Pude comprobar como la mayoría de estos profesionales tenían muy claro el manejo de control de síntomas y también que debían trabajar en equipo, pero a la hora de comunicarse con el paciente y entre los propios miembros del equipo interdisciplinar surgían los problemas.

Por otra parte desde un punto de vista social, el envejecimiento de la población y el aumento del número de pacientes con enfermedades crónicas o degenerativas nos sitúa ante el reto de proporcionar a estos pacientes una adecuada atención sociosanitaria que les ayude a afrontar el final de su vida con el menor grado de sufrimiento posible y la mayor calidad de vida.

Me gustaría destacar dos de los derechos de estos pacientes reconocidos por la Organización Mundial de la Salud:

  • Derecho a obtener respuesta adecuada y honesta a sus preguntas, proporcionándole toda la información que él pueda asumir e integrar.
  • Derecho a ser tratado por profesionales competentes, capacitados para la comunicación y que puedan ayudarle a enfrentarse con su muerte.

A este respecto me gustaría puntualizar un dato

  • Por razones culturales, todavía en nuestra sociedad es relativamente frecuente ocultar el diagnóstico o el pronóstico al paciente y silenciar la cercanía de la muerte. Las familias son generalmente contrarias a que se informe a los pacientes, alcanzando tasas de incidencia de pacto de silencio hasta en un 61% de los casos.

Si en nuestra sociedad tenemos claro y contamos con leyes que así lo demuestran, que el paciente tiene derecho a recibir la información que desee, pero aún así seguimos siendo testigos de la conspiración del silencio y como al paciente en estado terminal se le oculta información aumentando con ello, en la mayoría de los casos, su sufrimiento; sería interesante que nos parásemos a reflexionar y nos preguntemos que está fallando en este sentido y cómo podemos solucionarlo.
La principal función profesional de la enfermería es el cuidado de los pacientes y, en mi opinión, esto se pone aún más de manifiesto si cabe, cuando nos enfrentamos con la enfermedad terminal. Cada enfermo es un mundo distinto y para este tipo de pacientes se necesita un plan de cuidados individualizado que se adapte a sus necesidades y a las de su entorno.

Tenemos claro que el paciente tiene derecho a recibir información sobre su estado si así lo quiere, pero a la hora de informar ya no tenemos tan claro quién tiene la obligación de hacerlo. Pues bien, es obligación del médico responsable de su proceso y de todos los profesionales sanitarios que intervienen a lo largo del mismo, proporcionar la información que el paciente quiera recibir.
Ahora bien, dicho esto, tampoco quiero que se me malinterprete, no se trata de entrar como elefantes en una cacharrería soltando información a diestro y siniestro. Todos los enfermos tienen derecho a saber lo que tienen o les pasa pero, es evidente, que no todos necesitan ni quieren saberlo “todo”. Ahí es dónde se nos presenta el problema: Saber distinguir las diferentes situaciones ante las que nos encontramos y actuar en consecuencia.
Cómo informar, cuándo hacerlo, de qué manera, hasta dónde llegar, son algunas de las cuestiones que nos plantean mayor dificultad a la hora de enfrentarnos a este tipo de pacientes.

Después del tiempo dedicado a mi trabajo fin de grado, hoy sé que todo esto se puede aprender, que existen modelos de comunicación empática y apoyo emocional como el counselling o el método Buckman que son de gran ayuda. Es cierto que se requiere de una destreza en habilidades de comunicación relativamente complicada para ponerlos en práctica pero también lo es que con la formación y el entrenamiento adecuados pueden llegar a ser realizados con soltura. Por ello, considero que mantener una formación continuada sobre estos aspectos es fundamental para conseguir una comunicación adecuada que redunde en el consiguiente apoyo emocional al paciente y la familia.

En una futura línea de trabajo e investigación sería interesante abordar en qué medida influye integrar los cuidados paliativos y las habilidades de comunicación, y hasta qué punto permite dicha integración mejorar la atención sanitaria y la ayuda en el dilema de aceptar la realidad de la muerte al paciente, su entorno y a los propios profesionales.

El hecho de que ya no pueda hacerse nada por salvar la vida de un paciente no quiere decir que aún no quede mucho por hacer.

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