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Archive for 24 marzo 2014

enferA mi modo de ver, la responsabilidad en el éxito de las prácticas siempre va a recaer en el tutor o tutora que te sea asignado. Es evidente que las prácticas siempre van a ser más gratificantes y productivas cuando estén a cargo de un profesional que tenga conocimientos y que sepa como transmitirlos. No basta con saber sino que hay que saber enseñar. En este sentido yo me considero una gran afortunada pues, la mayoría de tutores que me fueron asignados, han sabido transmitirme conocimientos teóricos, técnicos, actitud con el paciente y, sobre todo, amor por la profesión.

Nunca olvidaré a mi primera tutora de prácticas y todo lo que fue capaz de enseñarme en un mes. Amable y cercana pero a la vez dura y exigente. Le preguntabas una duda y te resolvía esa y alguna más que pudiera surgir en torno a ella. Estaba claro que amaba su profesión y me lo demostró, sobre todo, con la dedicación que mostraba a sus pacientes, pero también con la paciencia y consideración con la que me trató a mi. Por otra parte tampoco olvidaré a uno de los enfermeros de mi último rotatorio. Por suerte este enfermero se ha cruzado en mi camino en mi último año de prácticas porque estoy segura que de haberlo hecho en primero, yo hubiera abandonado mi propósito de ser enfermera.

Un tutor de prácticas no está para descargar sus propias frustraciones en los alumnos y hacerles la vida imposible. En mi opinión, un buen tutor de prácticas, y sobre todo en cuarto, está para aportarte criterio profesional y ayudarte a adquirir seguridad en ti misma. Por ello considero que tanto las universidades como los hospitales en los que se realizan prácticas deberían tener muy en cuenta en manos de quién dejan a los alumnos. En este sentido me atrevería a proponer que al igual que el alumno es valorado al final de las practicas, de igual forma se pudiera disponer de una herramienta de valoración con respecto a la persona que ha sido responsable de las mismas. De esta forma se podría dejar a los alumnos en manos de quien realmente esté dispuesto a tomarse la tarea de formación en serio y con rigor.

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20110203025653-enfermerinaDesde el primer día que pones tus pies en el hospital eres consciente de que esto nada tiene que ver con las salas de simulación de la universidad. Atrás quedan los muñecos destartalados que hacían las veces de paciente pero que no tenían dolor, necesidades básicas, patrones funcionales, ni se quejaban por nada. Con ellos aprendimos a movilizar, asear, vendar, pinchar, sondar, hacer RCP… Pero todo ello con la única responsabilidad de hacerlo bien para obtener una buena nota en la Sala de Simuladores.

Las prácticas son otra historia, aquí los pacientes son reales y es el momento de demostrar y aplicar los conocimientos teóricos adquiridos durante las clases. Es en este momento cuando te das cuenta que el PAE está hecho para rellenar el tiempo de estudio teórico en el aula. Que aquí el NANDA, NOC, NIC no aparece por ninguna parte y que, por supuesto, no debes mencionarlo delante de tu tutora porque es muy posible que sobre este tema tenga bastante menos conocimientos que tú misma. Eres capaz de desarrollar un sexto sentido que te ayuda a detectar si a tu tutora le gusta o no enseñar, si está hasta las narices de vigilar alumnas incompetentes o si por el contrario está encantada porque ya tiene a alguien que le haga parte de su trabajo. Tu capacidad de memoria aumenta de manera directamente proporcional al número de tutoras que te sean asignadas y a las manías de cada una de ellas. Eres capaz de acordarte quién de ellas limpia con gasa, quién lo hace con algodón, la que prefiere el alcohol a la clorhexidina, o la que no quiere ver un Vacutainer ni de lejos. Aprendes a ver, oír y callar y desarrollas una especial habilidad para morderte la lengua antes de pronunciar las palabras mágicas “en la universidad nos enseñaron…” Por supuesto también eres capaz de desarrollar unas dotes de obediencia y humildad que nunca habías sospechado tener y que te permiten aguantar la charla de una enfermera por hacer algo, justamente como te había indicado otra el día anterior. De hecho yo fui capaz de pasarme todo mi rotatorio, de practicas de segundo, pinchando la heparina a 45º cuando iba con mi tutora y a 90º cuando ella libraba.

En definitiva, desde que pones el pie en el hospital entras en un mundo fascinante y desconocido para el que necesitas un periodo de adaptación, grandes dotes de tenacidad y muchísimas ganas de cumplir el sueño de ser enfermera.

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practicas“Hoy han comenzado mis prácticas de 1º de enfermería. Desde que hice la entrevista de ingreso en la Universidad y la coordinadora  me dijo que en Mayo nos íbamos un mes de prácticas al hospital, he estado deseando que llegara este día. He de reconocer que a medida que avanzaba el curso y se acercaba Mayo, empecé a notar cada día un poco más de nerviosismo, no digo miedo pero sí un total y absoluto respeto a la llegada de este día.”

Así comenzaba mi diario reflexivo de las prácticas de primero de enfermería. Cuatro años más tarde, finalizado mi último rotatorio de la carrera, he de confesar que era miedo lo que me acompañaba ese primer día y, que ese miedo y ese respeto me han acompañado en todos y cada uno de mis periodos de prácticas. No obstante hoy me encuentro en la posición de afirmar que en primero, el miedo y el respeto se debían al “desconocimiento”, mientras que a día de hoy son fruto, precisamente, de todo lo contrario: el “conocimiento”. Sé que esto puede sonar contradictorio pero, es precisamente el conocimiento de la responsabilidad adquirida al elegir esta profesión lo que me hace enfrentarme a ella con todo el respeto y la prudencia del mundo.

Soy consciente de que en unos meses, a pesar de los tiempos que corren, yo podría estar ejerciendo como enfermera sin una tutora a mi lado que ejerza de “ángel de la guarda”, y por supuesto soy consciente de que ese día se vendrán conmigo al trabajo todos mis miedos y mis inseguridades. Todo lo que, ahora durante las prácticas, me sobrepasa y me viene grande se convertirá en mi labor diaria. Entonces comenzará el periodo de aprendizaje en la “Universidad de la Vida” y será la experiencia del día a día la que se encargue de aportarme seguridad y de eliminar mis miedos.

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