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CapturaLos profesionales sanitarios cada día estamos más presentes en el mundo de las redes sociales y las aplicaciones móviles con el objetivo de conectar más y mejor con pacientes y expertos. Yo me decidí a estar presente en Twitter como profesional del la enfermería porque es una red social con millones de usuarios, completamente abierta y que me permite relacionarme con quien quiera. Así mismo, cualquier persona que lo desee puede relacionarse conmigo. A mi personalmente Twitter me permite, me ayuda y en ocasiones, me atrevería a decir, que hasta me obliga a estar al día sobre todo lo que ocurre en  mi entorno profesional.

Cuando yo me decidí a estar presente en Twitter como enfermera, una de mis principales inquietudes era como iba a afectar esto a mi vida profesional. ¿Dónde empieza y dónde acaba mi jornada laboral? ¿Puedo twitear lo que me dé la gana? ¿Vale todo? ¿Qué responsabilidades estoy adquiriendo y dónde pongo los límites?

Desde mis inicios en Twitter he tenido siempre muy presente que, el mismo código ético y moral que me acompaña día a día a lo largo de mi jornada laboral, para mi es de obligado cumplimiento en todo lo que yo haga a través de esta red social. La línea que marca los límites entre lo que se puede o se debe hacer y lo que no se puede o no se debe hacer, es muy difícil de trazar y, precisamente por ese motivo también es muy fácil, a veces, traspasar esa línea. Un tweet desafortunado en el momento más inoportuno puede resultar perjudicial no solo personalmente sino para el resto de la profesión en general.

Yo soy enfermera, no soy experta en redes sociales, ni en marketing digital, ni soy community manager, ni me dedico a gestionar TICs. Soy enfermera, es lo que siempre quise ser y lo que con mucho trabajo y esfuerzo he conseguido llegar a ser. Adoro mi profesión y mi meta es hacerlo mejor cada día y  si Twitter me ayuda en este sentido, bienvenido sea. Pero siempre sin olvidar las bases y fundamentos de mi profesión, que es CUIDAR y que están mucho más allá de los 140 caracteres.

Vivimos tiempos de cambio. Estamos inmersos en plena era 2.0 y, sin duda, para afrontar estos cambios nos va a hacer falta implicación de todos (profesionales, usuarios, gestores sanitarios…). Nos va a hacer falta formación, filtrar para quedarnos con lo bueno y tratar de mejorar aquello que no lo sea tanto. Todo esto no se trata sólo de tener el mejor blog con millones de visitas o de ser una estrella de las redes sociales con “tropecientos” seguidores. Se trata de aprovecharnos de la comunicación multidireccional que nos facilitan las nuevas tecnologías para, entre todos, conseguir ofrecer una asistencia sanitaria de calidad utilizando todos los medios de los que disponemos.

Sin lugar a dudas, las redes sociales contribuyen y ayudan a dar visibilidad a nuestra profesión, a lo qué somos, a lo qué hacemos y cómo lo hacemos; en definitiva, a lo que significa ser ENFERMERA. Pero no nos olvidemos de que esa visibilidad va a depender de nosotros mismos, de lo qué hagamos y de cómo lo hagamos. En este sentido, en mi opinión, no debemos olvidarnos de conceptos que quizá para algunos, resulten un tanto arcaicos o pasados de moda pero que siguen siendo de obligado cumplimiento en nuestro día a día. Conceptos como ejemplaridad, honestidad, rigor, ética, sentido común… En definitiva valores que identifican y acompañan a nuestra profesión desde sus inicios, que han sido su esencia y que son los que la sitúan donde está hoy en día y, que por supuesto es mucho más allá de los 140 caracteres.

Si hay algo que yo puedo asegurar es que “en mi día a día en una jornada laboral cualquiera, los 140 caracteres se quedan en algo anecdótico comparados con la grandeza de nuestra profesión”.

 

orejaHace unas semanas tras sufrir un fuerte resfriado, que ha derivado en problemas de oído bastante desagradables, fui consciente de la poca importancia que le damos a nuestra salud auditiva hasta que ésta empieza a fallarnos. Esto me hizo reflexionar que deberíamos tomar conciencia de ello, máxime cuando es frecuente que las alteraciones auditivas provoquen, a su vez, alteraciones psíquicas y sociológicas, sobre todo cuando la pérdida auditiva es importante.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) 360 millones de personas padecen pérdida de audición discapacitante en todo el mundo y, aproximadamente una tercera parte de las personas mayores de 65 años sufre una pérdida de audición importante. Se calcula que la mitad de las sorderas podrían evitarse con una buena prevención primaria, de ahí la importancia que tiene insistir en el cuidado y la protección de la salud auditiva.

La pérdida de audición puede mejorarse mediante el uso de fármacos, cirugía y utilizando protecciones auditivas como pueden ser: los audífonos y otros dispositivos. Las estrategias de prevención, detección e intervención tempranas son de vital importancia a la hora de minimizar las consecuencias de la pérdida de audición y poder llevar a cabo una adecuada protección auditiva.

Prevención

Tomar pequeñas precauciones, ayuda a mantener una mejor calidad auditiva:

  • Revisiones auditivas periódicas: Ayudan a detectar la aparición temprana de la pérdida de audición.

  • Prestar atención a las señales de advertencia: Acúfenos y dificultad para oír sonidos agudos o para poder mantener conversaciones por teléfono o en ambientes ruidosos.

  • Mantener una adecuada higiene: Secar bien los oídos después del baño o ducha, utilizar nebulizadores de agua de mar periódicamente y evitar el uso de bastoncillos.

  • Evitar la exposición a ruidos fuertes: Utilizar la televisión, el equipo de sonido y los auriculares a un volumen moderado.

  • Utilizar protecciones auditivas: Es de vital importancia protegerse adecuadamente en el ámbito laboral cuando se trabaja en ambientes ruidosos, al realizar deporte (natación, buceo, caza, etc.) y en momentos de ocio (conciertos, deportes de motor, etc)

  • Ante cualquier dolor o molestias acudir al médico: No introducir ningún objeto para autoexplorarse ni automedicarse.

  • Prestar atención a catarros, gripes o infecciones: A la larga pueden causar problemas auditivos, las infecciones están consideradas como la segunda causa de pérdida de la audición.

images12 De Mayo… Chic@s hoy es nuestro día y vaya por delante mi felicitación porque tenemos el mejor trabajo del “mundo mundial”. En Julio cumpliré mi primer año como enfermera y aún me parece mentira que hacer cada día algo que me gusta tanto, sea ir a trabajar.

Personalmente viví mis años de carrera con una gran ilusión, deseaba terminar cuanto antes para poder empezar a ejercer y poner en práctica todo lo aprendido y para lo que me había preparado. Cuando empecé a trabajar fui consciente de que las cosas no son siempre como en los libros y, sobre todo, me di cuenta de la gran responsabilidad que conlleva esta profesión. A día de hoy, la mayoría de los días salgo de mi turno con la sensación de que podría haber hecho algo más y de que aún tengo taaaaanto por aprender.

Soy consciente que no corren los mejores tiempos: recortes en sanidad, polémicas con la prescripción enfermera, compañeros que tienen que irse fuera a trabajar, un 60% de los españoles que no sabe lo que hacemos en nuestra profesión, etc, etc, etc… A pesar de todo, hemos de seguir sintiéndonos orgullosos de nuestra profesión, de ser enfermeras y enfermeros. Y así tiene que ser, porque motivos nos sobran. Esta profesión proporciona muchas satisfacciones, y nos plantea nuevos retos a diario, es por eso que no podemos rendirnos ni perder la pasión por el trabajo bien hecho.

“Los enfermeros alientan, cuidan y protegen; son personas con preparación para atender a los enfermos, los lesionados y los ancianos.” (Nursing in Today’s World—Challenges, Issues, and Trends) Si tuviera que volver a elegir una profesión elegiría ser enfermera.

CapturaLa sociedad actual está en constante evolución y, sin duda alguna, nosotros evolucionamos con ella. Las nuevas tecnologías son más accesibles que nunca y abren un amplio abanico de posibilidades. La Redes Sociales forman parte de nuestro día a día y la línea entre lo personal y lo profesional se vuelve cada día más tenue. Cuando hace unos días aparecí en el Top Ten de enfermer@s más influyentes en Twitter recibí felicitaciones por parte de amigos y compañeros que me hicieron sentir orgullosa de mi profesión. Esto también me hizo reflexionar sobre hasta que punto nuestra imagen personal en las Redes Sociales puede llegar a influir en la imagen de nuestra profesión en general. Siempre he dicho que Internet y sobre todo las Redes Sociales son un “arma de doble filo” que hay que manejar con el debido conocimiento y respeto.

Cuando elegimos libremente presentarnos en las Redes Sociales utilizando nuestro título de enfermera y un avatar con su correspondiente uniforme, deberíamos ser conscientes que en cierta manera estamos dando una imagen general de nuestra profesión. La redes sociales no son el salón de nuestra casa, son una enorme ventana abierta al mundo y la imagen que proyectamos llega a otros profesionales como nosotros pero también al público en general. Si lo que queremos es dar una imagen de respeto y confianza en nuestra profesión, deberíamos asegurarnos de reflejar lo que la sociedad espera verdaderamente de nosotros.

Desde mi punto de vista, nuestra imagen profesional es la opinión que tienen de nosotros los pacientes, sus familias, los compañeros, jefes… a la hora de evaluar nuestra labor y con ello las competencias, habilidades, el talento y los resultados obtenidos. Sin duda alguna “somos lo que hacemos” pero también, en gran medida, somos lo que proyectamos y todo aquello que se supone y se atribuye a nuestra profesión.

Las enfermeras, como cualquier otra persona, somos muy libres de utilizar las redes sociales como estimemos oportuno pero si decidimos presentarnos como tal, sería importante que reflexionáramos sobre la imagen que queremos proyectar de nuestra profesión. No podemos pedir respeto y reconocimiento si no empezamos por respetarnos y valorarnos nosotras mismas.

images (1)La esperanza de vida, junto con el aumento del número de pacientes oncológicos y geriátricos, unido a la cifra de pacientes convalecientes con enfermedades crónicas, supone que en algún momento precisarán de una serie de cuidados específicos dirigidos a “paliar” sus padecimientos, con el objetivo de añadir vida a los años y no sólo años a la vida.

Antes de entrar en profundidad en el concepto de cuidados paliativos me gustaría hacer un inciso sobre el significado del término paliar. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), paliar proviene del latín palliatus: Que permanece cubierto con un palio o capa. En su primera acepción, por paliar se entiende: La acción de “mitigar la violencia de ciertas enfermedades”. La segunda acepción dice: El hecho de “mitigar, suavizar, atenuar una pena o disgusto”.

En 1980, La Organización Mundial de la Salud (OMS) incorpora oficialmente el concepto de cuidados paliativos dentro del programa de control del cáncer. La última definición que la OMS hace de cuidados paliativos es de 2002 y dice así: “el enfoque que mejora la calidad de la vida de los pacientes y sus familias que se enfrentan a los problemas asociados con enfermedades terminales a través de la prevención y alivio del sufrimiento por medio de la pronta identificación y correcta valoración, tratamiento del dolor y otros problemas, físicos, psicológicos y espirituales”.

En el año 1992 el Subcomité de Cuidados Paliativos del Programa Europeo contra el Cáncer definía los cuidados paliativos como: “Un cuidado total, activo y continuado del paciente y su familia por un equipo multiprofesional cuando la expectativa médica no es la curación. Su objetivo primario no es prolongar la supervivencia, sino conseguir la más alta calidad de vida presente para el paciente y su familia. Deben cubrir las necesidades físicas, psicológicas, sociales y espirituales”.

En su documento Historia de la Medicina Paliativa en España, la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) expone que “los cuidados paliativos se basan en una concepción global, activa y viva de la terapéutica que comprende la atención de los aspectos físicos, emocionales, sociales y espirituales de las personas en situación de enfermedad terminal“, con objetivos claros y organizados que afectan a todos los niveles asistenciales para lograr el bienestar, promoción de la dignidad y autonomía del paciente y familia, que deben considerarse como una unidad a tratar.

Sería conveniente aclarar lo que entendemos por enfermedad incurable avanzada, enfermedad terminal y situación de agonía:

  • Enfermedad incurable avanzada: Enfermedad de curso progresivo, gradual, con diverso grado de afectación de la autonomía y de la calidad de vida, con respuesta variable al tratamiento específico, que evolucionará hacia la muerte a medio plazo.
  • Enfermedad terminal: Enfermedad avanzada en fase evolutiva e irreversible con síntomas múltiples, impacto emocional, pérdida de autonomía, con muy escasa o nula capacidad de respuesta al tratamiento específico y con un pronóstico de vida inferior a 6 meses, en un contexto de fragilidad progresiva.
  • Situación de agonía: La que precede a la muerte cuando ésta se produce de forma gradual, y en la que existe deterioro físico intenso, debilidad extrema, alta frecuencia de trastornos cognitivos y de la conciencia, dificultad de relación e ingesta y pronóstico de vida en horas o días.

Cuidados Paliativos

paliaVirginia Henderson define la función de la enfermería como: “Asistir al individuo, sano o enfermo, en la realización de aquellas actividades que contribuyen a la salud o a su recuperación o a evitarle padecimientos en la hora de su muerte, actividades que realizaría por él mismo si tuviera la fuerza, el conocimiento o la voluntad necesaria. Todo esto de manera que le ayude a ganar independencia de la forma más rápida posible”. El envejecimiento de la población y el aumento del número de pacientes oncológicos y con enfermedades crónicas o degenerativas nos sitúa ante el reto de que estas personas afronten el final de su vida con un alto grado de sufrimiento y precisando por ello una adecuada atención sanitaria y social. En España se estima que el 50%-60% de las personas que fallecen han recorrido un proceso de deterioro en el último año de su vida y que el 25% de todas las hospitalizaciones corresponde a enfermos en su último año de vida, presentando además costes muy elevados.

En 1990 la OMS definió cuidados paliativos como “el cuidado activo total de los pacientes cuya enfermedad no responde ya al tratamiento. Tiene prioridad el control del dolor y de otros síntomas y problemas de orden psicológico, social y espiritual. El objetivo de los cuidados paliativos es proporcionar la mejor calidad de vida para los pacientes y sus familiares”. Esta misma organización internacional redefinió en 2002 el concepto prestando una especial atención a la prevención del sufrimiento. Los tres pilares básicos sobre los que se fundamenta la atención a este tipo de pacientes son:.

En su documento Historia de la Medicina Paliativa en España, la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) expone que “los cuidados paliativos se basan en una concepción global, activa y viva de la terapéutica que comprende la atención de los aspectos físicos, emocionales, sociales y espirituales de las personas en situación de enfermedad terminal”, con objetivos claros y organizados que afectan a todos los niveles asistenciales para lograr el bienestar, promoción de la dignidad y autonomía del paciente y familia, que deben considerarse como una unidad a tratar.

Los cuidados paliativos ni aceleran ni detienen el proceso de morir, tratan de proporcionar confort y calidad de vida a los pacientes a través de los conocimientos especializados de cuidados sanitarios y psicológicos, así como del soporte emocional y espiritual apropiados. Con ellos se procura conseguir que los pacientes dispongan de los días que les resten conscientes y libres de dolor, con los síntomas bajo control, de tal modo que los últimos días puedan discurrir con dignidad, en su casa o en un lugar lo más parecido posible, rodeados de sus seres queridos.

La OMS declara que los objetivos de los Cuidados Paliativos son fundamentalmente:

  • Alivio del dolor y otros síntomas.
  • No alargar ni acortar la vida.
  • Dar apoyo psicológico, social y espiritual.
  • Reafirmar la importancia de la vida.
  • Considerar la muerte como algo normal.
  • Proporcionar sistemas de apoyo para que la vida sea lo más activa posible.
  • Dar apoyo a la familia durante la enfermedad y el duelo.

Acompañar y dar apoyo a una persona que está enfrentada con su propia muerte es siempre una labor demandante, agotadora y estresante, pero es una de las cosas más valorables que un ser humano puede hacer por otro.

muerteElegir las palabras adecuadas para ayudar a aquellas personas que están en contacto con niños y adolescentes, y necesitan abordar la muerte de un ser querido, no resulta nada fácil y menos aún cuando se trata de comunicárselo a los más pequeños.

La muerte es un hecho ineludible e inherente a la vida. Todos tendremos que enfrentarnos a ella y por este motivo resulta muy importante poder disponer de recursos que nos ayuden a afrontar esta realidad de la mejor forma posible. Hoy en día, en la sociedad occidental, hablar de la muerte es casi “de mal gusto”. Tratamos por todos los medios evitar mirar de frente a este hecho natural de la vida. Nuestra sociedad actual tiende a ocultar, temer, callar o dar respuestas y explicaciones erróneas relativas a la muerte y en ocasiones esto sólo contribuye a que la experiencia de la muerte, además de resultar sumamente dolorosa, pueda convertirse en algo complicado o patológico.

Los niños y los adolescentes que se enfrentan a la muerte de sus seres queridos, sienten y se cuestionan muchas cosas. Hablar y atender a los niños y adolescentes que han sufrido la pérdida de un ser querido nos plantea numerosas dudas sobre como abordar la situación:

  • ¿Cómo le explicamos lo que ha sucedido?
  • ¿Puede llegar a entender qué es la muerte?
  • ¿Es mejor contar o no contar?
  • ¿Cómo responder a sus preguntas?
  • ¿Es diferente la vivencia de la muerte si el niño tiene 5 años o si tiene 10?
  • ¿Puede un niño estar en duelo?
  • ¿Cómo le puedo ayudar? ¿Necesita una ayuda especial?
  • ¿Es bueno que nos vea tristes?
  • ¿Tenemos que evitarle lo sucedido?
  • ¿Qué pueden hacer los profesores cuando un niño se encuentra en duelo?»

Queremos que nuestros hijos vivan una vida lo más cómoda y fácil posible, que no sufran, que no lo pasen mal, que las cosas no les cuesten demasiado, que lo tengan todo, etc. Ante esta situación es importante que nos hagamos algunas preguntas:

  • ¿De verdad apartando a los niños, intentando que no sepan o no vean, dejan de sufrir?
  • ¿Estamos seguros de que protegemos a nuestros hijos apartándolos de esta realidad?
  • ¿Saben los niños más de lo que nosotros desearíamos?

Sin lugar a dudas, sus preguntas, sus temores, sus inquietudes y su dolor han de ser escuchados y atendidos. Para ello es de suma importancia contar con los conocimientos, recursos y herramientas más adecuados que nos permitan afrontar la situación con confianza y decisión. Podría resultar de gran ayuda, incorporar en el proyecto educativo de las escuelas recursos preventivos para desarrollar en los niños su capacidad de enfrentarse a situaciones difíciles o dolorosas.

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