La gripe es una enfermedad vírica infecciosa y aguda, provocada por el virus influenza. Se da con mayor frecuencia en mayores de 65 años y menores de 15 y suele aparecer como epidemia entre noviembre y marzo. Se transmite de persona a persona por medio de las secreciones respiratorias con un periodo de incubación entre 1 y 5 días. El periodo de contagio se extiende desde 24/48 horas antes del inicio de los síntomas hasta 5/6 días después.
No existe tratamiento específico para la gripe y este es puramente sintomático a base de analgésicos, antipiréticos, antitusivos, mucolíticos y siempre bajo prescripción médica. La vacunación es la principal medida de prevención y es necesario vacunarse cada año, debido a que las cepas que componen la vacuna varían de una temporada a otra en función de la mutación del virus.
La vacuna se administra por vía intramuscular o subcutánea profunda en el brazo (músculo deltoides)en adultos y niños. En los niños pequeños se administra en la parte anterolateral del muslo. Puede provocar reacciones locales como enrojecimiento, induración o dolor en la zona de punción. Estas reacciones suelen ser normales y leves, se resuelven de forma natural y espontánea. Las reacciones alérgicas tipo asma son muy poco frecuentes.
Quién debe vacunarse
- Niños y ancianos
- Personas con procesos respiratorios crónicos como EPOC.
- Personas con problemas cardiovasculares (HTA, Cardiopatías…).
- Personas con trastornos metabólicos mal controlados.
- Pacientes en tratamiento que ocasione problemas de inmunidad pero siempre bajo indicación médica.
- Cuidadores de personas incluidas en los grupo de riesgo arriba mencionados.
- Embarazadas en 2º y 3º trimestre pero bajo prescripción del Tocólogo.
- Profesionales sanitarios y aquellos que realizan su actividad en contacto con aglomeraciones, miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, bomberos, profesorado…
Recomendaciones
- Evitar aglomeraciones y ambientes cerrados.
- No conpartir objetos de personas infectadas que puedan estar contamidados.
- Evitar los cambios bruscos de temperatura.
- Lavarse las manos habitualmente y procurar no estornudar sobre ellas.
- Utilizar pañuelos desechables.
- Ventilar adecuadamente las habitaciones.
- Seguir una alimentación rica en frutas y verduras.
- No abusar del alcohol y evitar el tabaco.








